Capitulo 49

Conan no esperó ni un segundo más. Con un movimiento brusco y cargado de una urgencia animal, separó mis piernas con sus rodillas, abriéndome de par en par bajo su cuerpo masivo. Se posicionó justo en mi entrada, rozando su punta ardiente contra mi centro empapado, y se detuvo solo un instante para clavarme una mirada tan oscura y promiscua que me hizo soltar un sollozo de pura anticipación.

—Mírame, Gaia —gruñó, su voz vibrando como un trueno en el espacio mínimo que nos separaba—. Quier
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