Pasaron la aduana y en menos de veinte minutos ya estaban en un coche.
Xavier conducía. Kara tenía el teléfono pegado a la oreja antes de salir de la carretera del aeropuerto.
Patrick no contestó.
Volvió a llamar.
Nada.
Llamó a Rosa.
Rosa contestó al primer timbrazo. Su voz sonaba tensa, como nunca antes la había oído. Rosa no era una persona que se alterara fácilmente. Lo que fuera que hubiera pasado la había inquietado.
—Cuéntame —dijo Kara.
—Vino esta mañana —dijo Rosa—. Patrick. Estaba aquí