HAY ALGO QUE…
El silencio se hizo palpable en la habitación mientras Mirel esperaba ansiosamente la respuesta de su padre. Rashid la miraba con una mezcla de sorpresa y preocupación, consciente del peso de lo que su hija acababa de pedirle.
—Mirel, hija… —comenzó Rashid, tomando su mano—. Entiendo lo que estás sintiendo y sé cómo tienes a Omar en tu cabeza. Pero no puedo interferir en los asuntos personales de él. Él es libre de tomar sus propias decisiones. Además, lo conozco como la palma de