Mundo ficciónIniciar sesiónEl dolor la atravesaba como una hoja de acero candente cada vez que respiraba, pero Danna mantuvo los ojos fijos en la enfermera suiza que revisaba su historial con eficiencia metódica. La habitación 304 olía a antiséptico y a esa peculiar esterilidad hospitalaria que parecía borrar cualquier rastro de humanidad del aire.
—Necesita descansar, señora Arnes —murmuró la enfermera sin alzar la vista de sus notas—. La ces&aa







