La caja llegó a las tres de la tarde del jueves. Era negra con el logo dorado de Valentino brillando bajo la luz del sol que entraba por las ventanas del ático. Demasiado grande para contener solo un vestido.
Danna la abrió en su suite con Sophia observando desde el umbral de la puerta como un fantasma silencioso. El papel de seda cayó en cascadas suaves, revelando una tela roja que no era simplemente roja—era rojo sangre, rojo venganza, el tipo de rojo que gritaba intenciones desde el otro lado