Días después...
El sol aún no ha salido cuando me despierto, sintiendo el cuerpo pesado y las costillas adoloridas. Aún con sueño, me pongo las botas que Jasmine dejó al alcance y salgo sigilosamente.
En el patio, el rocío helado cubre la hierba corta, y la niebla sutil envuelve el corral como un velo etéreo.
Respiro profundamente el aire puro y me doy cuenta de que nunca me he sentido tan vivo. La soledad de esta finca, la ausencia de espectadores, me libera de todas las obligaciones que me