36. No se puede fingir el amor
En el pasillo, detrás de la puerta entreabierta, Marcella escuchaba cada palabra. Sus manos temblaban tanto que casi deja caer la copa que sostenía.
Skyler… hijas… cinco años.
Todo resonaba como un trueno en su mente. Le comenzó a palpitar las sienes de la preocupación, estaba segura de que pronto se desmayaría.
Retrocedió un paso, luego otro, hasta refugiarse en su habitación. Cerró la puerta de golpe y se derrumbó contra la pared.
El aire se le escapaba a bocanadas.
—No… no puede se