22. Su infierno apenas comienza
Las horas antes de la cita se arrastraron con una lentitud insoportable. Alessia se movía por la mansión como un fantasma: silenciosa, tensa, con la cabeza llena de ruido y el corazón al borde del colapso. Había logrado evitar a casi todos, incluidos los guardias, pero no podía evitar la sensación de que en cualquier momento su mundo se vendría abajo.
Se aferró a la idea del chequeo médico como si fuera la única tabla en un océano revuelto. Necesitaba respuestas. Necesitaba saber algo más que un par de líneas rojas en una prueba de farmacia.
Y necesitaba hacerlo sola.
A las tres y media de la tarde salió sigilosamente por el garaje. Los guardias estaban estacionados afuera, como siempre, preparados para acompañarla. Tenía poco tiempo para deshacerse de ellos.
Arrancó el coche y salió a toda velocidad. En cuanto vio que los vehículos de seguridad empezaban a seguirla, tomó un desvío abrupto. Sabía exactamente qué calles usar para perderlos. Conocía esa ciudad desde que tenía memoria. Y