22. Su infierno apenas comienza
Las horas antes de la cita se arrastraron con una lentitud insoportable. Alessia se movía por la mansión como un fantasma: silenciosa, tensa, con la cabeza llena de ruido y el corazón al borde del colapso. Había logrado evitar a casi todos, incluidos los guardias, pero no podía evitar la sensación de que en cualquier momento su mundo se vendría abajo.
Se aferró a la idea del chequeo médico como si fuera la única tabla en un océano revuelto. Necesitaba respuestas. Necesitaba saber algo más que u