21. Tengo que abortar
Alessia apenas durmió esa noche. Se quedó acostada a un costado de la cama, mirando el techo mientras escuchaba la respiración tranquila de Vladimir. Él dormía profundamente, como si el mundo no pudiera quebrarse a su alrededor, como si no existiera nada más que la calma… una calma que a ella se le escapaba entre los dedos.
Cuando finalmente salió el sol, sintió que había pasado una eternidad atrapada en una sola noche.
Esperó.
Esperó a que él se levantara para ir a entrenar, como hacía cada ma