23. Plan al descubierto
El silencio entre ellos era espeso como plomo. Alessia apenas alcanzó a cerrar la puerta del coche cuando Vladimir avanzó hacia ella con pasos medidos, demasiado controlados, demasiado fríos para ser normales. Era peor que si hubiera gritado.
—¿Dónde estabas? —preguntó él sin rodeos.
Ella sintió que la garganta se le apretaba, pero levantó la barbilla, intentando aparentar seguridad.
—Solo… quería salir un momento.
Una sonrisa seca apareció en los labios de Vladimir. No era amable. No era cálid