23. Plan al descubierto
El silencio entre ellos era espeso como plomo. Alessia apenas alcanzó a cerrar la puerta del coche cuando Vladimir avanzó hacia ella con pasos medidos, demasiado controlados, demasiado fríos para ser normales. Era peor que si hubiera gritado.
—¿Dónde estabas? —preguntó él sin rodeos.
Ella sintió que la garganta se le apretaba, pero levantó la barbilla, intentando aparentar seguridad.
—Solo… quería salir un momento.
Una sonrisa seca apareció en los labios de Vladimir. No era amable. No era cálida. Era una advertencia.
—Te escapaste de seguridad, Alessia. No “saliste un momento”. —Se acercó un poco más—. ¿Me vas a decir la verdad?
El corazón de ella empezó a golpearle con fuerza. Necesitaba mantener la calma. No podía dejar que él viera el miedo; era peligroso. Con cada paso que él daba hacia ella, sentía que se acercaba a un precipicio.
—Quería privacidad —dijo, esforzándose por mantener la voz firme—. Solo eso. Tenía… cosas que pensar.
Él entrecerró los ojos.
Parecía analizar cada res