13. La Bratva recuerda
Vladimir la condujo por la carretera estrecha que rodeaba la isla, sin decirle a dónde iban. El sol caía con un tono dorado que hacía brillar el océano como si fuera una enorme lámina de cristal líquido. Alessia, desde el asiento del copiloto, mantenía las manos entrelazadas sobre sus piernas. Tenía curiosidad, pero también un ligero temblor en el estómago. Su esposo no era un hombre fácil de descifrar.
—¿Cuánto falta? —preguntó cuando el vehículo se internó en un camino de tierra rodeado de ve