14. Es fácil sacarlo de la cama
Alessia no había podido quitarse de la cabeza la mirada de Vladimir cuando leyó aquella carta. Había algo en sus ojos que no conocía, algo peligroso y oscuro que no tenía que ver con celos, deseo o posesión. Era otra cosa. Algo profundo. Algo que él había enterrado… y que ahora amenazaba con resurgir.
Mientras él se encerraba en el estudio con la excusa de “hacer llamadas importantes”, Alessia caminaba de un lado a otro por la habitación, incapaz de quedarse quieta. Sentía un nudo en el pecho que no lograba deshacer.
La Bratva, el pasado que no puede dejar atrás.
«Cuida a tu esposa».
Esas palabras resonaban una y otra vez en su mente.
Finalmente tomó su teléfono y marcó a Jenna. Tenía que averiguar algo, lo que fuera.
La asistente contestó en el tercer timbrazo.
—¿Señorita Alessia? ¿Todo bien? Creí que estaría disfrutando al máximo su luna de miel.
—Sí, claro… —respondió Alessia, intentando sonar tranquila—. Solo necesito que averigües algo. Sobre la familia Volkov. Discretamente.
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