12. Hoy te quiero solo para mí

El beso que Alessia le dio a Vladimir no fue un simple gesto de amor. Fue una declaración. Un recordatorio. Una advertencia silenciosa: “Aquí mando yo.”

Y Vladimir lo entendió sin que ella dijera una palabra.

Él la rodeó por la cintura, respondiendo al beso con un leve apretón firme, como si sellara un acuerdo invisible. Cuando se apartaron, Vicky fingía revisar unas frutas en la encimera, aunque la tensión en su mandíbula la delataba. El aire en la cocina se había vuelto espeso, casi eléctrico
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