11. Sacaría lo peor de todos
La noche cayó demasiado rápido sobre la isla.
Y Vladimir no regresaba.
Alessia caminaba de un lado a otro en la sala principal, incapaz de concentrarse en nada. El sonido del mar, que antes le resultaba tan relajante, ahora parecía un recordatorio constante del silencio en esa mansión enorme.
Miró el reloj por décima vez en menos de veinte minutos.
10:48 p.m.
Volvió a la terraza. Nada.
Ni luces.
Ni el sonido del motor del Jeep.
Ni un mensaje.
Quizá solo tardó más…
Quizá Vicky exageró el dolor y la atendieron lento…
Intentaba darse explicaciones lógicas. Pero la irritación subía y bajaba en su pecho como una ola mala.
—Ridícula —se dijo en voz baja—. Es su asistente. Su asistente.
A las doce y media, la casa seguía igual de quieta.
Y a la una y cuarto decidió que no podía más. Subió a su habitación, se quitó las sandalias y se echó sobre la cama, abrazando una de las almohadas grandes.
El cansancio terminó ganándole.
Durmió apenas dos horas.
Un leve golpeteo en el colchón la sacó del s