10. Guerra tendrás
Alessia abrió los ojos sintiendo el aroma salado del mar y la brisa cálida que se colaba por el ventanal. Por primera vez desde la boda, su cuerpo descansó sin pesadillas, sin sobresaltos. Solo la sensación, aún presente, de Vladimir durmiendo a su lado.
Cuando él despertó, deslizó el brazo por su cintura y le dio un beso en el cuello.
—Hoy no hay reuniones, esposa —murmuró contra su piel—. Hoy es solo para nosotros.
Ella se sonrojó.
Le gustaba cuando la llamaba así.
Desayunaron en la terraza: