Aún tenía la adrenalina acumulada en la garganta cuando a toda velocidad manejaba hacia la dirección proporcionada por el traidor Smith. Su mandíbula estaba tensa, los nudillos blanqueaban por la fuerza con la que aferraba el volante. Cada minuto que pasaba le parecía una eternidad, y su mente estaba llena de pensamientos oscuros sobre lo que le esperaba.
En el asiento del copiloto, Smith permanecía callado, consciente de que su vida pendía de un hilo. Ares no podía dejar de pensar en cómo Cint