Amelia.
—¿Cuándo me hablarás de tu amante? ¿O esperarás que yo mismo lo averigüe y sea peor? —miré a Edric, mientras el auto nos conducía a la mansión.
Después de un tiempo extremadamente largo para mí, aún tenía la esperanza que con seguirle la cuerda a Edric, me dejara ver a Máximo.
—¿Cuándo lo veré?
Y él sonrió.
—Tal vez mañana… —mi boca se frunció y mi garganta se puso dura.
—Edric… debe estar asustado, por favor… déjame estar con él… yo… lo juro… lo juro…
—¿Sabes lo que el abogado me dijo?