Capítulo 35. El nuevo alfa de Lirio Plateado
Cuando despertaron se dieron cuenta de que era de noche, habían perdido la noción del tiempo, el cielo estaba muy oscuro y la luna, como si fuera un farol, iluminaba el océano, que se estremecía y se esparcía como una espuma blanca, como si estuviera encerrado en una botella.
―¿Qué es eso? ―quiso saber Lucía.
―No lo sé, mi amor, creo que deberíamos irnos ―respondió Damon tomándola por la mano y halándola un poco hacia él, para besar con suavidad sus labios.
―No quiero separarme de ti ―dijo Lucí