Capítulo 34. El ocaso del amor
Todos miraban con la boca abierta producto de la sorpresa.
―¡¿Qué carajos es eso?! ¿Cómo ella puede hacer eso? ―dijo Damon sorprendido, pero la cachorra siguió atacando a Neo, quien estaba enfurecido pensando que era Lucía.
“Lucía no me parece gracioso que me estés atacando, para defender a tu cachorra, no la quiero y punto”.
De pronto las bolas de fuego se convirtieron en una bola de luz blanca, como las que hicieron desaparecer a los lobos en la manada Agua Clara, cuando Damon y John se diero