POV: Luciano. Mañana siguiente.
Sael ya estaba en la cocina cuando Luciano bajó.
La presencia de su hermano pequeño a esa hora era lo suficientemente habitual para no requerir interpretación.
Lo que no era habitual era el estado específico de Sael: la postura ligeramente más relajada que el promedio, el café que sostenía con ambas manos — señal de que no estaba procesando ningún problema activo, sino simplemente existiendo en el momento.
Luciano sirvió café.
No dijo nada todavía.
Dante apareció