El entrenamiento con Sael empezó antes del mediodía.
En el patio central, que era el espacio donde la percepción de los vínculos tenía menos interferencia de la arquitectura de la hacienda.
Sael había elegido ese lugar específicamente, lo que significaba que llevaba días pensando en la logística antes de proponer la sesión.
Lo había visto hacer eso con todo.
La paciencia de Sael no era pasividad. Era preparación previa tan completa que cuando llegaba el momento de actuar parecía improvisación.