Encontré a Perla en la cocina.
Estaba lavando platos. El sonido del agua y del metal sobre la piedra del fregadero tenía el ritmo específico de alguien que no sabe que están por interrumpirlo.
—Perla.
Se volvió.
Leyó mi expresión en menos de dos segundos. El año que habíamos pasado en la misma hacienda la había hecho mejor en eso —o quizás siempre había sido buena y yo antes no le daba suficiente cara para leer.
Apagó el agua.
—Cuéntame —dijo.
No le di el contexto completo primero: eso era cómo