La casa de Zuri olía a café recién hecho y a papel de periódico.
Los dos estaban sentados en la mesa de la cocina cuando llegué: Teo con las manos sobre la superficie de madera, sin taza, sin objeto que gestionar;
Zuri con el cuaderno que siempre tenía cerca pero cerrado esta vez, lo que era señal de que lo que ocurría en esa mesa no era material para el cuaderno.
Zuri me vio entrar y me hizo un gesto mínimo con la cabeza.
Tomé la silla del rincón.
No dije nada.
No era mi conversación.
Teo me m