Mundo ficciónIniciar sesiónFenrir siempre despreció a las Omegas como compañeras de cama pues las veía como un lazo complicado con el cual no quería relacionarse, pero tras dejarse llevar por su celo, no solo comportió cama con una de ellas, sino que la marcó y embarazó. Alison ha mantenido a su hijo en secreto por los último diez años, así como la marca de unión que tiene desde aquella noche de pasión que compartió con Fenrir D´Merak. Esperaba que sus caminos no se volvieran a cruzar nunca más, pero cuando la salud de Hagen comienza a complicarse, se ve obligada a aceptar un trabajo que la hace caer en las garras de Fenrir una vez más. Fenrir no sabe explicar porque razón su lobo reacciona con deseos de dominio y celos ante la Alison, lo que si sabe, es que cuando descubra quien es el padre del hijo que esta tiene, no dudará en quitarlo del camino por haberse atrevido a tocar a la Omega.
Leer másTan pronto como su cuerpo es alzado y colocado contra la pared de la habitación, sus piernas se envuelven en torno a las caderas del más alto y sus manos buscan quitarle la ropa de una forma tan desesperada que alcanza a escuchar el sonido de la tela al rasgarse bajo sus dedos. El silencio de la habitación rápidamente desaparece bajo el peso de los jadeos que se les escapan y sus respiraciones agitadas.
Y es que, en ese momento, no existen palabras capaces de abrirse paso entre el torbellino de deseo que los consume a ambos; solo están reaccionando ante el sonido de sus corazones golpeando con violencia dentro de sus pechos y el calor insoportable que parece incendiar cada rincón de sus cuerpos.
Cuando el demandante beso del más alto le exige el mismo compromiso y entrega a su boca, Alison siente que el aire deja de existir. La cercanía de él resulta embriagadora. El aroma profundo e intenso que se desprende de sus feromonas la envuelve hasta hacerle olvidar dónde termina ella y dónde comienza el resto del mundo.
Por primera vez desde que se presentó como Omega dominante, su rut ruge dentro de sus venas con una fuerza tal que jamás imaginó posible volver a sentir; y es que su loba le está exigiendo algo que su mente todavía se esfuerza por comprender.
Cuando las manos de su compañero de cama recorren su cuerpo hasta posarse sobre su pecho, siente cómo sus manos se cierran sobre la tela y esta es estirada con fuerza hacia los lados hasta que los botones de su camisa saltan. Solo en ese momento un breve rayo de lucidez cruza entre el caos de lujuria, placer e instinto que domina su mente, haciéndola razonar durante unos segundos.
—No… espera… —pide; su voz apenas es un susurro quebrado.
Ante sus palabras, las manos del Alfa se detienen por un momento, aunque su pecho continúa subiendo y bajando con violencia debido al deseo. Alison alza una mano temblorosa hasta el rostro del hombre y la posa sobre su mejilla, siendo entonces consciente de lo que está ocurriendo y, sobre todo, de con quién.
«¿Pero qué carajos crees que estás haciendo?», se reprocha internamente. «Es el insufrible de Fenrir D’Merak. Reacciona, ¡no puedes acostarte con tu jefe!».
Mientras cada fibra de su ser busca sujetarse con fuerza a ese último instante de racionalidad, el bajo gruñido que recibe por parte de Fenrir le deja en claro que él no siente ningún placer al haber sido detenido y mucho menos al perder su atención.
También es en ese momento cuando nota algo más.
«Sus ojos…»
Esperaba que existiera algún tipo de oportunidad, aunque fuese mínima, de poder negociar y hacerle ver el error que están por cometer; pero ahora puede ver que en sus ojos no queda ningún rastro del azul tan característico de los Alfas dominantes.
En su lugar, solo está ese profundo tono ámbar del lobo que brilla con una intensidad sobrenatural.
No es él. Es su lobo.
La parte más salvaje de su naturaleza ha tomado el control, guiada únicamente por el instinto que el rut ha despertado en ambos, y sabe que contra eso no hay nada que pueda hacer.
Un nuevo gruñido por parte de Fenrir le deja claro que el tiempo para razonar ha terminado. Sus labios son tomados una vez más y devorados sin tregua ni piedad. En su interior, su loba también le exige guardar silencio, dejar de razonar y solo sentir.
El resto de su ropa sufre el mismo destino que su camisa; termina semirrasgada y tirada en algún lugar de la habitación, pero no le importa. Cuando deja de encontrar una razón para negarse a lo que ocurre, ella también sucumbe a su instinto y desviste al mayor con la misma urgencia y deseo.
Mientras las manos de Fenrir recorren su cuerpo desnudo, dejando marcas sobre su piel, Alison envuelve sus piernas alrededor de las caderas de él, aferrándose a ese agarre con todas sus fuerzas. El roce firme de la virilidad de Fenrir contra su bajo vientre la hace jadear; sus sentidos se ven inundados por una descarga eléctrica de placer que exige más, y sus uñas clavándose en la espalda de él, dejando marcas de arañazos, son la prueba de ello.
—Mía…
Aquello, más que una simple palabra dicha por el lobo, es una sentencia; pero ninguno de los dos tiene interés en prestar mayor atención a lo que esa palabra implica en su totalidad. Alison solo se entrega al placer que el Alfa le ofrece y, cuando este la toma para llevarla hacia la cama, solo cede totalmente ante su contacto.
Tan pronto como el cuerpo de la pelirroja cae sobre la cama y sin la más mínima intención de alargar más la espera por saciar su deseo, Fenrir separa las piernas de Alison y, un instante después, su virilidad comienza a abrirse paso dentro de ella. El calor y la estrechez que lo reciben, así como el jadeo ahogado y la forma en que la espalda de ella se curva, exponiendo sus pechos como si fueran un manjar preparado solo para su disfrute, hacen que Fenrir ceda del todo el control a su lobo.
Cuando las uñas de ella se clavan en sus antebrazos, en un desfogue con el que busca mitigar el ligero escozor que siente al recibirlo, Fenrir la mira fijamente y una sonrisa descarada se dibuja en sus labios mientras toma sus caderas con fuerza y comienza un vaivén desenfrenado. La intensidad del momento hace que, por un instante, alcance a notar el sonido de la cama al chocar contra la pared.
Los gemidos de Alison, junto con la presión que ejerce su interior al estrecharse y recibirlo, son el mayor de los incentivos para que el Alfa busque darle tanto placer como sea posible.
Hasta ese momento, Fenrir puede asegurar que nunca había sido el tipo de lobo que pudiera decir que el olor de las feromonas lo hacían perder la razón, y mucho menos cuando estas provenían de una Omega. Ni siquiera cuando sabía que su rut estaba cerca las elegía como parejas de cama. Si debía ser sincero, siempre había tenido predilección por las Gammas o las Betas, ya que, al no tener feromonas ni instintos de sumisión o deseos de marcas y lazos como las Omegas, era más fácil simplemente divertirse e irse al siguiente día sin tener que dar ningún tipo de explicación.
Pero, en ese preciso momento, el olor de las feromonas de la Omega bajo él no solo puede describirlo como el más adictivo que había percibido en sus veintiocho años de vida; también era la primera vez que se sentía deseoso de ser el único lobo capaz de percibirlo.
La idea de que alguien más llegara a disfrutar de ese aroma tan adictivo o a ver esos hermosos ojos azules bañados en deseo, justo como él lo estaba haciendo en ese momento, hace que su lobo muestre una posesividad que nunca antes había llegado a mostrar con ninguna otra mujer.
—Fenrir…
Cuando escucha su nombre ser pronunciado en un tono tan bajo y cargado de placer, toma la decisión de que definitivamente nadie más podría tener esa imagen de ella. Sin dejar de prestar atención a cada reacción de la pelirroja ni detener las caricias que recorren sus costados, acerca su rostro a su cuello y se deja envolver aún más por las feromonas que se desprenden de su piel.
—Di que eres mía…
Sus palabras no salen como una petición; son más un mandato que una solicitud de permiso.
Alison intenta pensar un poco, pero la bruma del placer que la envuelve no le permite reaccionar ni razonar de manera correcta, menos aun cuando siente la lengua del más alto recorrer la piel de su cuello y bajar en un camino que se detiene cerca de su hombro hasta que siente sus dientes rasgando su piel. Por instinto, termina llevando sus manos al cabello de Fenrir y cerrando los dedos sobre este, tirando ligeramente mientras asiente y jadea con fuerza al sentir cómo el instinto del Alfa se impone sobre el de su Omega y se apodera del momento.
—Tuya… soy tuya…
En medio de aquella sensación abrumadora, Alison siente como los dientes de Fenrir abandonan su carne y un hilo de sangre recorre su hombro mientras ella deja caer la cabeza hacia atrás y permite que el instinto tome el control por el resto de la noche.
—¿Cuándo creciste tanto? —Scott levanta a Hagen en el aire mientras sonríe al ver la dulzura que irradia el pequeño—. Dentro de poco ya podrás ser parte del equipo.La idea de que Hagen pueda llegar a ser un Death Dealer no le hace mucha gracia a Alison, prefiere que su hijo no tenga que pasar por tantos peligros.—Dudo mucho que Scott te lo regrese tan rápido —acercándose a ella, Dann se coloca a su lado y apoya una mano sobre su hombro mientras habla en tono bajo—. Lo que me sorprende es que lo trajeras.Fijando su mirada en Dann, Alison deja ver un pequeño gesto de disconformidad, en realidad su plan nunca fue llevar a Hagen con ella, pero no pudo encontrar un servicio que pudiera quedarse con él ese día y su niñera ya tenía otros compromisos, que su pequeño esté allí, no hace sino complicar aún más las cosas, no porque le moleste la presencia de su hijo, sino porque tiene que pensar en una manera de evitar que Hagen y Fenrir se encuentren.—Los planes cambiaron —responde mientras
༻ MANADA MØRKFLOKK ༺La mirada de Fenrir se mantiene fijo en el vaivén de las llamas de la chimenea, mientras, él se encuentra sentado en el sofá frente a este sosteniendo en su mano un vaso de whisky.«Era ella…»—No digas tonterías —masculla con marcado desdén, está harto de escuchar a su lobo quejarse absurdamente—. Ella es una beta…además, ya deberías haber aceptado que no la encontraremos.«¡Es ella!»El lobo insiste con la misma terquedad con la que Fenrir se niega a aceptar sus palabras.—¡Es una beta! —exclama mientras aprieta el vaso con tanta fuerza que este termina rompiéndose entre sus dedos, los vidrios clavándose en su piel le importan más bien poco.En los últimos dos años había logrado silenciar a su lobo en todo lo que tenía que ver con el tema de la Omega que había estado con él durante aquel rut de hace diez años, pero su lobo está tan empecinado en encontrarla, que cada cierto tiempo se encapricha con cualquier mujer que se parezca mínimamente a esa imagen difusa q
Tan pronto como esas palabras son pronunciadas por Fenrir, todos en la habitación dejan que la duda se refleje en sus rostros, tal vez Scott no puede percibir feromonas, pero los demás sí y por esa misma razón, no comprenden a qué viene ese comentario, aunque en el caso de Alison, la duda en su rostro es más porque el comentario de Fenrir le hace dudar sobre si los supresores están o no haciendo efecto todavía o sí por la presencia de su alfa, su cuerpo está cediendo a tener una compulsión de feromonas.—Disculpe Sr. D´Merak —comienza Dann mientras adelanta un par de pasos y se interpone entre Ferir y Alison notando lo incómoda que esta se muestra ante la cercanía del Alfa—, creo que hay una equivocación, nadie en nuestro equipo es un Omega —afirma mientras con un ligero gesto de su cabeza señala a Alison quien se encuentra a su espalda—. Y si lo dice por la señorita Hannigan, ella es una Beta y tiene mi palabra de que ser mujer no la hace más débil o menos letal que cualquiera de nos
—No puedes seguir así y lo sabes —dice con tono pesado mientras se recuesta en el espaldar de la silla y se cruza de brazos manteniendo la mirada fija en el rubio frente a él—. Darle largas a esta situación no va a hacer más que empeorar la postura de los demás miembros de la manada.Sin apartar la mirada de la pantalla de su computador, Fenrir revisa los informes que su asistente le envió en relación a la reunión que tendrá al día siguiente, prefiere mil veces prestar atención a esa información, que seguir dándole importancia al jodido tema del nulo interés que tiene de conseguir una pareja solo para procrear cachorros.—¡Con un demonio Fenrir! —Erick estalla al ver la manera tan descarada en la cual su hermano lo ignora—. Deja de ignorarme, estoy hablando muy enserio.Dejando escapar un pesado suspiro de disconformidad, Fenrir aparta la mirada del monitor y cerrando la laptop fija la mirada en su hermano, el aburrimiento en su expresión es la mejor manera de dejar en claro que está
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