El mirador antes del amanecer tenía su propia temperatura.
No la del frío del exterior —eso era constante desde que empezaba septiembre— sino la temperatura específica de un espacio que ha acumulado historia en capas suficientemente gruesas para tener peso propio.
El primer vínculo establecido aquí. Las noches de separación. El plan de batalla antes de cada jornada del juicio. Lo que el Consejo dijo en la sala grande y lo que los cuatro nos dijimos en silencio en el mirador al llegar de vuelta.