Lo hice antes del desayuno, mientras la hacienda todavía estaba quieta.
Un recorrido completo. Solo. Sin carpeta, sin cuaderno, sin la agenda de preparación que había tenido cada mañana de las últimas semanas.
Empecé en la biblioteca.
La biblioteca a esa hora olía a lo que siempre había olido: papel, cedro, el rastro de las discusiones técnicas que habíamos tenido sobre precedentes legales y a algo más antiguo que todo eso, el olor específico de los libros que llevan décadas en el mismo estante