(Dante — cocina principal, mediodía)
Perla estaba pelando papas cuando Dante entró.
No la anunció. La puerta de la cocina estaba abierta y él entró con el mismo silencio con que hacía todo lo que había decidido hacer antes de hacerlo.
Perla lo oyó. Lo supo por cómo sus manos se detuvieron sobre el fregadero: un segundo, solo uno, antes de seguir pelando.
—Siéntese —dijo Dante.
No era invitación.
Perla secó las manos en el delantal. Se giró. Lo miró un momento. Luego se sentó en la silla frente