—Sabes que esto es necesario —dijo mi madre con dureza—. El Don espera...
—No puedo —la interrumpí—. Y no confío en ti. ¿Y si dices algo cruel? ¿Y si lo lastimas?
—No lo haría —dijo ella—. Ni siquiera lo conozco lo suficiente como para lastimarlo.
Rodé los ojos.
—Exactamente. Por eso no deberías ser tú quien lo haga.
Papá suspiró y dio un paso adelante.
—Si ella quiere romper con él —dijo, mirando a mamá—, entonces deja que rompa con él. Es su relación.
Ella lo miró con los ojos entrece