Llegué a mi habitación, cerré la puerta de un portazo y tiré mi bolso al suelo. Luego me metí en la cama, subiéndome la manta por encima, esperando que de alguna manera pudiera dejar todo afuera. Mi mente corría con todo lo que había pasado; lo que había hecho, lo que no podía deshacer.
Entonces la puerta chirrió al abrirse. Levanté la vista y vi entrar a mi madre. Me quedé mirándola.
—¿Qué quieres?
—Cuida tu tono —dijo ella bruscamente, cerrando la puerta tras de sí. Caminó hacia el borde de