Fui al baño, cerré la puerta tras de mí, abrí el grifo y comencé a llorar.
En silencio, mientras el agua corría con fuerza en el lavabo, dejé caer las lágrimas. Tenía que hacerlo. Necesitaba desahogarme allí, sola, porque no podía dejar que Asher me viera así. Si me veía derrumbarme, lo sabría. Sabría que yo no quería esto. Sabría que algo andaba mal. Y no podía permitir que eso sucediera. En este momento, mi trabajo, el único que me quedaba, era hacer que me odiara. Porque esa era la única for