Asher
El silencio llenó la habitación. Ariella solo me miró fijamente. Luego, sin decir una palabra, levantó la mano y volvió a tocar mi rostro.
Su pulgar rozó el moretón con cuidado.
—Entonces... ¿buscaste una pelea por eso?
Sonreí con timidez.
—Tal vez.
Me miró de nuevo y luego suspiró.
—Eres un idiota.
—Lo sé.
—Me asustaste.
—Lo siento.
—Pensé que alguien te había atacado.
—Ojalá.
Sus cejas se elevaron de golpe.
—¿Ojalá?
—Habría preferido eso.
Me miró como si hubiera perdido c