Ariella
Nos quedamos en silencio por un momento, ninguno de los dos dijo nada. El ambiente pareció cambiar, menos juguetón y más real.
Asher se echó un poco hacia atrás en su silla, observándome como si intentara leer algo que yo no había dicho en voz alta.
—Estás callada —señaló.
—Estoy pensando.
—¿En qué?
—En... todo. Estoy tan cansada de estar dentro de esta casa todo el día y la noche.
Su expresión cambió.
—Lo lamento... pero es peligroso en este momento... —comenzó.
—Pero quiero i