Ariella
Me quedé sola con Maria y Sia. Y, bueno, hasta el momento todo había salido de maravilla con la cena y todo lo demás.
—Y bien —le pregunté a Sia—, ¿cuándo puedes empezar a trabajar?
—Vendré mañana y podremos armar un horario que se adapte a Leon y a ti. Y luego, una vez que tengamos todo resuelto, podremos comenzar con las lecciones poco después.
—De acuerdo —señalé—. Eso me parece razonable.
—Y gracias —añadió—. Muchas gracias por contratarme. Por un momento pensé que no lo harías.