Ariella
Encontramos a Margaret colocando el último tazón sobre la mesa.
—¿Todo listo, Margaret? —pregunté.
—Sí —respondió—. Todo está listo.
—Bien, iré a buscar a los demás.
Maria sacudió la cabeza, tomando asiento de una vez.
—Yo me quedaré aquí. ¿Por qué no vas tú a buscarlos?
Me detuve, mirándola fijamente.
—¿A qué demonios le tienes miedo?
—A nada —dijo rápidamente—. Quiero decir, no hay razón para que vayamos las dos solo a decirles que la cena está lista. Además, esta fue tu idea.