Ariella
Después del desayuno, intenté mantener la mañana lo más normal posible. Por Leon y, lo más importante... por mí misma.
—Mamá —comenzó Leon, mirándome—, ¿deberíamos ir a preparar mi sala de estudio? Me dijiste que podía ayudar.
—Por supuesto —dije.
Pero antes de que saliéramos, me giré hacia Margaret.
—¿Dónde está Maria? —pregunté.
—Oh —respondió Margaret—, ella no quiso tocar a tu puerta esta mañana, pero dijo que tenía que hacer un recado rápido en el pueblo. También dijo que tal