Ariella
Mantuve su mirada.
—No puedo sobrevivir sin ti —dije de nuevo.
—No tendrás que hacerlo —respondió él en voz baja—. Voy a estar bien. Regresaré. Tengo que hacerlo. Tú y Leon me están esperando. No romperé esa promesa.
Me levantó la barbilla suavemente, de modo que no tuve más opción que mirarlo.
—Solo necesito que te quedes aquí —dijo suavemente—. Por mí. Por Leon.
Lo miré fijamente entonces, y supe que estaba esperando. Esperando a que cediera. Esperando a que confiara en él.
—De