Asher
Recosté a Ariella sobre la cama y presioné un beso en sus labios; luego bajé por su cuello y su clavícula antes de que mi boca jugara con sus pezones erectos. Mi lengua los delineó, fascinada por lo firmes que se sentían bajo mi tacto. Acaricié el costado de Ariella mientras mi mano se deslizaba dentro de su braga.
Mi dedo índice se hundió más abajo, abriéndola, buscando su calor húmedo. Descendí todavía más, recogiendo la calidez que se acumulaba en su entrada. El deseo de estar finalme