Asher
Sentí que algo dentro de mí se rompía. Fue repentino, como una cuerda tensada al extremo. Respiraba con dificultad en ese sofá, con la mirada fija, incapaz de apartar los ojos de la señora Costa mientras hablaba.
—¿Ariella estaba embarazada? —pregunté, y mi voz sonó extraña incluso para mí.
Sentía el pecho oprimido y la mente me iba a mil por hora. Las emociones arañaban mi autocontrol, pero sabía que tenía que calmarme. Tenía que mantener la compostura.
—Sí —dijo ella, con voz amarga,