Ariella
La camioneta dio una sacudida sobre un bache, lanzándome de lado contra la carrocería. El dolor me atravesó el hombro, pero no era nada en comparación con la tormenta dentro de mi cabeza. Los arrepentimientos me rodeaban como buitres. Cada elección, cada secreto que guardé, cada oportunidad que perdí de hablar, todo pesaba sobre mí.
La voz de Alan llegó desde el asiento delantero. Calmada. Segura. Como si no me estuviera entregando como mercancía.
—Ella servirá —dijo—. Asher vendrá po