Ariella
Cuando desperté, cada articulación, cada parte de mi cuerpo me dolía como si hubiera sido aplastada en un centenar de lugares a la vez. Gemí, intentando moverme, pero una mano se plantó de inmediato sobre mi boca. Volvió a escucharse ese mismo susurro, esa palabra que me hizo dar un vuelco al estómago.
—¡Sshhhh...!
Luché por abrir los ojos, enfocando lenta y dolorosamente, tratando de comprender dónde estaba. Mis manos ya no estaban atadas. Me di cuenta de que estaba sentada, con mi p