Asher
En el segundo en que realmente lo vi, que realmente contemplé al niño pequeño, lo supe... No hubo dudas. No hubo vacilaciones. No hubo necesidad de confirmación.
En el momento en que mis ojos se posaron en su rostro pequeño, somnoliento e inocente, me vi a mí mismo. En la suavidad de sus rasgos, en la forma en que fruncía el ceño, en esa pequeña barbilla obstinada, me vi yo.
Me vi a mí mismo en un espejo del pasado. Vi al niño que alguna vez había sido. Las fotos. Los recuerdos. El lina