Alex Volkov, príncipe del Imperio Ruso, de la realeza de la Bratva, estaba muerto.
Muerto por completo.
Todavía no podía digerir la palabra. Me quedé allí de pie, con el huevo escurriéndose entre mis dedos, mientras la cáscara rota yacía olvidada en el suelo. La sartén en la estufa siseaba y chisporroteaba de fondo, pero no podía competir con el latido acelerado de mi corazón.
Asesinado a tiros.
En público.
En la calle.
Alex Volkov. El hombre que había atormentado mis pesadillas desde el m