—Lo sé, lo sé —dijo Dana, agitando la mano—. Con razón es tu exesposo. Qué clase de imbécil, de idiota... Quiero decir, ¿cómo te casaste siquiera con ese estúpido?
Yo solo me quedé allí de pie. Sin tener idea de cómo responderle. Sin palabras. Sin excusas. Ella respiró hondo y continuó, sincera y completamente abierta.
—Lo entiendo —dijo—. De verdad lo entiendo. Y comprendo por qué te divorciaste de él. Ese hombre es pura violencia. Por eso sentí que tú y yo debíamos hablar. Porque estoy lista