Pero entonces, todo su cuerpo se tensó.
Sus ojos se agrandaron. El pánico se filtró en su voz.
—Oh, Dios mío. Alan.
Se aferró al borde de la barra.
—Oh, mierda, Alan. ¿Sabe que me fui con David? ¿Sabe lo que pasó? —repitió Dana con los ojos desorbitados, mientras un pánico absoluto reemplazaba su agotamiento anterior.
Intervine, colocándole ambas manos en los brazos para estabilizarla.
—Dana, respira. No creo que Alan lo sepa. Al menos no todo.
Sacudió la cabeza, soltándose de mí para cam