Me sentí engañada. Manipulada. Agarrada desprevenida.
—¿A qué te refieres? ¿Qué estás diciendo, Luca?
—Digo que te vas hoy —repitió con calma—. Leon y María te seguirán mañana.
—¿Qué? —parpadeé—. ¿Por qué? No me voy a ir sin mi hijo. ¿Estás bromeando? —mi voz comenzó a elevarse—. No hay forma de que me vaya de aquí sin Leon. O nos vamos los dos, o no se va nadie.
Exhalé un suspiro, desesperada, desviando la mirada hacia la habitación de Leon y María mientras rezaba en silencio para que aquel