Al día siguiente, cuando Asher entró en la habitación y me miró, lo supe al instante... este no era el Asher del hotel. Este era el Asher que pertenecía a esta casa. El que siempre caminaba con una tormenta detrás de los ojos. El que me odiaba...
Así que antes de que pudiera moverse o decir una sola palabra, me levanté de la cama. No hablé. No esperé. Desaté la bata de baño que llevaba puesta y dejé que se deslizara de mis hombros, permitiendo que cayera sin hacer ruido al suelo.
Asher inhaló