Capítulo 126
Las cosas empeoraron, tanto que terminé alimentando a Leon con pan seco y agua.

Yo misma había horneado el pan, rascando lo que quedaba de la harina. Intenté hacer que quedara suave, intenté hacer que supiera a amor, pero solo era seco e insípido. Esa noche, después de acostar a Leon en la cama y besar su frente, fui a mi habitación y me desmoroné.

Lloré, no por el pan, no por el hambre, ni siquiera por el silencio. Lloré porque sabía que tenía que empezar a racionar. Racionar la harina. Como
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