Cinco años después
Asher se había marchado... pero no sin antes asegurarse de que me comiera hasta el último trozo de comida de aquel plato. Cada bocado. Yo ya estaba satisfecha, pero él no me permitió parar; tuve que terminarlo todo. Y cuando la puerta finalmente se cerró a sus espaldas, ya me encontraba llorando; fue entonces cuando comenzaron los sollozos. Eran llantos desgarradores y profundos que me sacudían el pecho hasta que no pude retener nada en el estómago.
Terminé vomitando.
Luego