Mundo ficciónIniciar sesiónDesperté con el olor a carne quemada.
Era mi propia piel.
Abrí los ojos y el mundo era barras plateadas. Una jaula. No más grande que un armario. Y cada centímetro de ella era plata pura.
Mi piel donde tocaba el metal estaba roja, ampollada, ardiendo con agonía que me hizo







