Duncan la miró brevemente, su sonrisa se suavizó y sus ojos se posaron en ella con preocupación. —Sí, supongo que sí. Oye, ¿estás bien, Elara? Estás pálida. Debe ser por el susto de la Sra. Wallace, nos pilló con las manos en la masa. Tómate un té en el salón, ¿sí? Te has puesto muy nerviosa.—Le atribuyó todo a la interrupción, sin imaginar la verdadera naturaleza de la crisis que acababa de ocurrir, permitiendo a Elara un respiro que ella no merecía.
Elara se dio cuenta de que tenía que actuar